Repensar el pensamiento nacional

el capitalismo no funciona
Nota del camarada de la Tendencia, Rodolfo Pablo Treber. Cortita y al pie, sin desperdicios.

Desde el amanecer de la patria, la historia argentina está marcada por la lucha entre el imperialismo y anti-imperialismo: federales – unitarios, azules – rojos, yrigoyenismo – anti yrigoyenismo, peronismo – anti peronismo. El creciente cipayismo (soldados nativos al servicio del interés extranjero) nos hace hablar de oligarquía y anti-oligarquía; la realidad es que nunca salimos de la disputa entre dependencia y liberación, la misma por la que luchaban San Martín y Belgrano hace más de 200 años. De esta historia de antagonismos se forma el pensamiento nacional, cuyo eje principal es el anti imperialismo.
Una vez reconocido el enemigo se deben identificar y doblegar sus armas estratégicas para lograr la victoria. En este sentido, San Martín se dirige a Lima y Potosí para atacar el poder económico de la colonia e impulsa fabricaciones militares en el campamento del plumerillo para desarrollar la industria endógena. Más tarde, Juan Manuel de Rosas expulsa a las fuerzas anglo francesas en la Batalla de la Vuelta de Obligado entendiendo fundamental la soberanía en el comercio exterior para el desarrollo de la patria. En 1922 Hipólito Yrigoyen, con el ingeniero Enrique Mosconi, crean Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la primer petrolera estatal del mundo, con el objetivo de lograr la soberanía energética que permita el desarrollo del país.
A mi entender, el momento histórico más cercano a lograr la independencia fue durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, quién comprendió a la industrialización como el arma más importante para la liberación nacional. Durante sus mandatos se crean y/o desarrollan: Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE), YPF, Gas del Estado, Aerolíneas Argentinas, Ferrocarriles Argentinos, Agua y Energía Eléctrica, Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Fabricaciones Militares, Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA), entre otras.
El poder, por primera vez, se sintió amenazado y atacó; los 30.000 compañeros asesinados son producto de este enfrentamiento entre liberación y dependencia. Enfrentamiento que solo acabará (porque nunca nos rendiremos) cuando se logre la libertad, con la que se genera empleo, se educa, se sana, se alimenta, se abole la pobreza. Esa es la verdadera causa del pueblo, la causa del militante que busca transformar esta realidad injusta en justicia social.
Entendiendo al pensamiento nacional como anti oligárquico y anti imperialista, identificando las claves de la liberación en la lucha, el comercio exterior y la industrialización desde el estado, (no existe el concepto de burguesía nacional para los países periféricos) podemos analizar a la militancia actual. En primer lugar, considero que se conserva el sentimiento de liberación, el resurgimiento de la juventud bajo el lema “nacional y popular” y defensa de los derechos humanos es altamente positivo, quizás el logro más valioso desde la vuelta a la democracia. La falla radica en la programática, en la ausencia de proyecto y formación política. Como cité anteriormente, la línea de liberación nacional se basa en contrarrestar y superar las herramientas de opresión del enemigo. Elijo algunas, a modo de ejemplo, considerándolas las más importantes:
– La primarización de la economía
– El dominio de los mares y el comercio exterior
– La cadena de distribución impo – expo de la mercadería
– La concentración de la producción de bienes y servicios en manos privadas
– El control del sistema financiero por bancos extranjeros
Estas son las principales armas de dominación que se sustentan en el manejo del sistema educativo, los medios de comunicación y el poder judicial.
Argentina, desde 1976 a la fecha, sufre la carencia de un proyecto político de liberación nacional:
– No ha tenido políticas agresivas para desarrollar la industria liviana y pesada consolidándose como un país agro ganadero
– Abandonó los mares y el comercio exterior achicando gradualmente su flota naval hasta hacerla desaparecer
– Renunció al desarrollo del sistema ferroviario (herramienta fundamental para el desarrollo industrial federal) dejando en manos de empresas privadas de camiones la cadena de distribución
– Dejó de participar en el sistema productivo a través de empresas del estado
– Mantuvo en vigencia, y profundizó, el manejo extranjero de las inversiones, créditos y ahorro de los argentinos que impulsó la ley de entidades financieras de Videla y Martínez de Hoz.

En este contexto, ¿Qué rol ocupó y ocupa la militancia?, ¿Cuál es el modelo anti oligárquico que militamos?, ¿Cómo pasamos de ser pioneros en energía, soberanos en comercio y producir en la más alta calidad, desde el estado, a aplaudir medidas regulatorias?, ¿Quién nos hizo creer que las pymes son desarrollo industrial?, ¿Desde cuándo aumentar un impuesto al campo es hacer la revolución?, ¿Cómo llegamos a creer que un plan social dignifica?, ¿Si las cosas no se hacen por difícil, cuándo fueron fáciles?, ¿Dónde dejamos las banderas de nuestros 30.000 torturados y asesinados?.
Para rectificar los errores y profundizar los aciertos, es hora de retomar la línea del pensamiento nacional, militar un proyecto de liberación. Si desde la actual clase política no surge, no vendas tu rol histórico, peleala. Más temprano que tarde aparecerá, desde las bases, los descamisados, los desposeídos, los trabajadores, un movimiento que nos encuentre a todos unidos por la segunda y definitiva independencia.

Rodolfo Pablo Treber

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Lo que fuimos, lo que seremos

bandera federal

Hay que ser zarpadamente menso para no darse cuenta que el Gran Estado Empresario Peronista fue la forma argentina de nacionalizar, estatizar y socializar la propiedad de todos los medios de producción importantes para una Nación, para un Pueblo.

Ahí estuvieron el IAPI, la Junta Nacional de Carne, la Junta Nacional de Granos, AFNE, ARS, Área Material Córdoba Aviones, FM, IAME, ELMA, FFCC, la AGP (puertos), Aeropuertos, AA, OSN, Gas del Estado, Agua y Energía Eléctrica S.E., HIDRONOR, HIPASAM, ENTEL, ENCOTEL, RTA, ATC, Altos Hornos, YPF, YPF Flota, YCF, CONEA, la Banca Estatal (Nación, Hipotecario, BA.NA.DE., Caja de Ahorro y Seguros), la Carboquímica Argentina, la Minera Carolina, la Azucarera Las Palmas, las Petroquímicas, etc, etc, etc…

Los Documentos de Santa Fe del Pentágono definieron como enemigos de la “Democracia” al narcotráfico, el terrorismo, y A LAS EMPRESAS DEL ESTADO, justamente. Ninguna sanata de la “batalla cultural”, no. Pegó directamente en la propiedad social de los medios de producción, propiedad material que, en última instancia, produce la tan zarandeada “batalla cultural”.

Pero esto no hace mella por ahora. Nuestra línea histórica y política está ahí, tirada en la calle, igual que nuestras banderas, ignoradas, pisoteadas.
Se cae en la tentación de creer que hay que inventar todo de vuelta, que todo empezó con nosotros, y despegarse de la guerra histórica que lleva ya un par de siglos, de liberación o dependencia.

La línea política es la misma, aggiornando las herramientas de antes a la etapa actual, por supuesto. Pero no hay ninguna nueva “cuestión social”, huevada posmoderna con la que sólo comen los académicos progres y los niños ricos que tienen tristeza. Lo que hay en nuestros niños pobres es hambre y sed a secas, pero sobre todo lo que hay es hambre y sed de justicia, que no es otra cosa que un país con la felicidad del pleno empleo, como ya lo hicimos dos veces el siglo pasado. Tirar la pelota afuera con discursos “complejizadores” solamente sirve para resignarse, para quebrarse, para diluir la responsabilidad política que nos compete como generación en este momento histórico, en el que nos falta gran parte de la generación con la que tendríamos que estar haciendo nuestra correspondiente actualización doctrinaria.
Pero como hay lo que hay y no otra cosa, la enorme mayoría está desencantada de la política en general, porque nadie entiende qué garcha hacen -en su mayoría- los diputados y senadores con sueldazos de cien lucas; otro tanto con la dirigencia sindical, que a un año del gobierno más antipueblo desde el regreso de la Democracia no tuvo ni un Paro General.

Así las cosas, la militancia que quiere traer gente a “la política” la tiene re contra complicada. No es para menos. La “gente” que no quiere meterse, desde afuera no ve la diferencia: “es todo la misma mierda”, concluyen. Y hay que hacerse cargo de nuestra parte de la responsabilidad, y sacar a patadas en el orto a esta generación política de dirigentes jurásicos y patéticos que no terminan de irse, ni lo harán sin un buen empujón al geriátrico, donde podrán contarse todas sus historias de rosca, derrota y resignación las veces que quieran. A nosotros no más. Somos la Gloriosa Juventud Peronista, y vamos por todo, en cualquier generación que nos toque, en cualquier organización que integremos, en cualquier espacio que estemos, no militamos por menos que un Socialismo Nacional, Regional, o del Siglo XXI. Porque ya lo hicieron los otros nosotros de otras épocas, aunque nos quieran seguir entreteniendo con boludeces. Pronto verán aparecer candidatos hablándole al Pueblo muy claramente de lo que tenemos que hacer en Argentina, prendiéndole la luz al curro de los políticos de carrera que quieren mantener todo igual.

Este quilombo que se les viene es inevitable, se nos va yendo la amnesia colectiva y social propinada por el enemigo hace ya 40 años, sabemos quienes somos, sabemos lo que fuimos, vamos a dejar de mirarnos en el espejo del 2001, nuestra debacle, nuestro peor momento, y nos vamos a mirar en nuestro glorioso potencial para marcar el norte político, nuestro Proyecto Nacional, lo que debemos hacer. Vamos rumbo a la versión moderna de lo que ya fuimos. Somos Argentinos, de la Patria Grande del Caribe y la América del Sur, somos el terror del Imperio, por quienes Churchill todavía teme en su tumba, y no se equivoca, porque jamás nos rendiremos. La joda por ahora sigue, desde la superficie no se ve lo que está pasando por abajo. No se ve “por ahora”, como decía Chavez. La perspectiva de lo que se viene en Argentina es esperanza pura. Este Pueblo volverá a librar sus batallas históricas más temprano que tarde, y esta vez, el futuro es nuestro.

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La militancia “social”, entre la práctica y el discurso

decision

En tiempos “del fin de las ideologías”, de “la caída de los grandes relatos”, de la caída del muro, de la disolución de la URSS, del aislamiento total de la Cuba Socialista y de la más terrible dictadura militar de nuestro país, en la que extirparon del seno del pueblo todo rastro de voluntad transformadora y dejaron en la sociedad la epidemia del miedo, la militancia de hoy todavía no escapa de un mero rol accesorio y/ó asistencialista.

Lo que predomina es una dinámica que convierte a la actual militancia política en -casi exclusivamente- militancia barrial que, con abnegación franciscana -pero impotente e inmutable frente a la entrega nacional-, encierra su actividad a la dedicación exclusiva a intentar mejorar lo poquito que se pueda, la situación urgente de los sectores más explotados de todos.

Dinámica que, al perpetuarse, mantiene a los militantes centrados y encerrados únicamente en el compartimento de lo urgente, evitando que alguna vez puedan dedicarse a atender lo importante, que es siempre la causa de lo urgente, en sus infinitas manifestaciones.

Y entonces, así las cosas, lo urgente que día a día atiende o intenta atender esta militancia, tapa y oculta lo políticamente importante, haciendo que los dramas urgentes de la pobreza se mantengan como una constante que no cambia ni va a cambiar. Debido a que justamente quien debería encargarse de eso, históricamente, no lo está haciendo. Y nadie más que la militancia puede encargarse de intentar cambiar lo políticamente importante.

Esta militancia, tan generosa en su tiempo y en sus intenciones, sin quererlo, funciona como un valioso aporte a la reproducción de las causas estructurales de aquello que se manifiesta como urgente en las barriadas donde realiza su tarea.

Esta función que la militancia cumple de hecho -más allá de sus discursos-, es lo que explica que incluso hoy en día con el macrismo, los recursos destinados a la obra social de estas organizaciones no hayan mermado, sino por el contrario, hayan aumentado considerablemente. Y como es de público conocimiento, dichos recursos no aumentaron por la mediación de grandes luchas brindadas contra el macrismo, sino que aumentaron mediante simples y cómodas mesas de negociación.

La diferencia con la actividad concreta de Margarita Barrientos, se reduce únicamente a todo el folclore y los discursos que rodean a las identidades políticas que componen estas organizaciones.

Las organizaciones de piqueteros -que sí nacieron al calor de la lucha del pueblo- durante la década pasada se sumaron en su mayor parte al kirchnerismo, para acompañarlo y “llegar allí donde el Estado no llega”, como señalaron varias veces funcionarios de ese gobierno para explicar -y justificar públicamente- su relación con estas organizaciones.

Ese acompañamiento no fue gratuito sino que, la constante en esa relación con el Estado kirchnerista fue “la negociación de los recursos”. Constante que le dió forma a la dinámica interna de dichas organizaciones, que necesitó crear, aumentar y reproducir esta militancia barrial que no atiende ni se prepara para atender en algún momento, las causas estructurales que generan los males con los que todos los días lidian en los barrios.

No pueden hacerlo. Estas organizaciones y el tamaño de sus estructuras y recursos, son un producto salido del seno mismo del Estado. Aunque fueron creadas durante la gestión kirchnerista, lo que las mantiene vivas y con razón de ser no es el kirchnerismo en sí mismo, sino el propio Estado, lo gestione quien lo gestione.
Es por eso que si bien ahora cambió el gestor del Estado, y cambian los discursos, lo que no ha cambiado es la función que estas organizaciones cumplen para el Estado. Mantienen su escala y su dinámica porque son parte de los brazos articuladores del Estado “en los barrios”, aún soportando las tensiones naturales entre su discurso combativo y su accionar concreto, y el malestar y el ruido creciente que esto genera en sus bases, que se sumaron en primer lugar para “liberar la patria” y se encuentran ahora con que el enfrentamiento con el macrismo es sólo discursivo, dado que en la práctica son aliados claves para la gobernabilidad del actual proyecto oligárquico de entrega de la riqueza nacional.
Tensiones internas, dentro de estas organizaciones, que anuncian crisis por venir.

Este funcionalidad política no está oculta en absoluto, es cada vez más evidente y se la puede advertir a primera vista. Pero como toda organización sectorial que busca la autoconservación, desarrolla anticuerpos que actúan frente a las amenazas que discuten su política parcializada, y con ello su razón de ser. Hay mecanismos que “las orgas” usan para evitar cualquier cuestionamiento interno profundo que pueda llegar a poner sobre la mesa esta contradicción insalvable entre el discurso de trinchera y la práctica de servidumbre al Estado capitalista.

Un artilugio de moda que se usa para estos fines, es la retórica canchera y demagógica de “organizar el barrio” y “atender la coyuntura”. Un discurso super trucho que se escucha mayormente en chicos de clase media. Y en realidad lo que defienden con ese discurso no es la política de sus organizaciones, sino algo mucho más profundo: el precario sentido que pudieron encontrar en esas actividades para sus vidas.

Con esta cotidianidad y discursos se mantiene a la militancia alejada de las tareas infranqueables que deben encararse para combatir al capital, que ciertamente no se hace desde cooperativas en los barrios.
Tareas que si no las hace la militancia, no las va a hacer nadie. Evidentemente no las va a hacer la actual clase política, rosquera, quebrada y cómplice como pocas en la historia.

La militancia social que encarnan estas organizaciones debería haber servido las veces de trampolín hacia la militancia política, para que sea el pobrerío mismo, esos hijos no reconocidos y perseguidos por el capitalismo, quien renueve la cohorte de carcamanes que actualmente compone la clase política, y que vive plácidamente a no menos de 80 lucas mensuales, sin ningún tipo de interés en armar los quilombos que hay que armar para que empiecen a cambiar las cosas en los barrios.

Pero la militancia social no fue un trampolín sino más bien una amansadora de voluntades transformadoras y una escuela masiva de pragmatismo, resignación, realpolitik y de aprehensión de los métodos y los valores organizativos deleznables de la derecha peronista, disfrazados como Peronismo a secas, como si fueran doctrina del conjunto del movimiento, incluso de sus tendencias revolucionarias, desaparecidas y exterminadas, por eso pueden hablar en nombre una totalidad que no representan.

La militancia de principios del siglo XXI no fue un trampolín para la negrada hacia la política y la lucha por el poder, sino que se consolidó como un compartimento estanco, que no molesta a los otros compartimentos de la política -al contrario- y mucho menos molesta a las multinacionales, desde ya. Porque el compartimento que ocupa esta militancia “social” era un vacío que ni la partidocracia ni el Estado capitalista podían ocupar.

Es por eso que estas organizaciones son hoy, desde el punto de vista de los sectores dominantes y en términos estructurales, no sólo inofensivas sino deseables y funcionales, a punto tal de haberse convertido en factores clave de la gobernabilidad del capitalismo en países semi-coloniales como el nuestro.

El sistema de punteros contemporáneo tiene la marca inconfundible de la crisis del 2001, fecha oficial en que terminaron de caer en desgracia los tradicionales partidos políticos.
Esa decadencia sin retorno de la partidocracia, puede explicar en gran medida por qué las nuevas camadas de militantes no ingresaron en esas decrépitas estructuras sino en estas nuevas “orgas sociales” que, como se observa tienen un discurso que va a contramano de su práctica, y las bases lo saben. Y cada vez más.

Quienes lo advierten descubren una nueva cara de su organización, conservadora y reaccionaria, que quiere meter en la picadora de carne todo intento de encarar el debate de esta contradicción, macarteando, difamando, aislando, marginando y todo lo que sea necesario para neutralizar al “elemento extraño” que han detectado cual virus en la orgánica y que amenaza con extenderse y poner en peligro la salud de la organización y la función política que cumple, que son finalmente una misma cosa.

La militancia que despabila tiene que elegir. Hacer lo que hay que hacer nunca es fácil y lo instituido tira siempre en contra.

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ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO

rocambole
“El miedo solo sirve para perderlo todo”
, advertía Belgrano y no se equivocó…
No porque no hayan micrófonos ni recursos ni un sentido común abierto a una política revolucionaria, debemos ignorarla y evitarla como a pariente papelonero de la fiesta. Todo lo contrario.
¿Es fácil? Por supuesto que no, sino no sería revolucionaria. Que la política a seguir hoy se discuta en función de cuán fácil es o no es, habla de lo mal que anda la política en general como herramienta de transformación.
Y como “hoy no da” plantear que debemos volver a levantar las banderas por las que dieron la vida las generaciones que nos precedieron, son compañeros del mismo “campo popular” los que se ponen conservadores y pragmáticos, recordando que “a la izquierda de cristina, está la pared”, por ejemplo, entre tantos otros axiomas que se usan para evitar discusiones.
Respecto a la enorme distancia que separa esa pared -la de la izquierda- de cristina, vale recordar que allí se encuentran por ejemplo los proyectos de Evo y García Linera, de Ortega, de Chávez y Maduro, de Fidel y de Correa. Y allí siguen porque, como diría el General, “el pueblo no abandona a quien no lo abandona”, salvo que se adhiera a la hipótesis de Cristina sobre las capacidades electorales diferentes del 51% del pueblo.
Tanto Cristina como Néstor, a diferencia de Perón, jamás fueron ambiguos respecto a su proyecto político. Siempre fueron claros y honestos intelectual y políticamente.

Es por eso que, los adalides de “la autocrítica”, que saben muy bien esto, deberían largar la pantomima pidiéndole autocrítica a Cristina, che. Ella y Néstor prometieron un
Capitalismo en serio, nacional y popular, y lo cumplieron con creces. Dentro de ese proyecto, se avanzó todo lo posible. Se mejoró la situación social, también, todo lo posible. La militancia masiva en la juventud no existía, y también esa acumulación, dentro de este proyecto, avanzó todo lo posible.

Es este enorme contraste entre el capitalismo cruel y neoliberal y el capitalismo keynesiano de los kirchner, lo que despertó anhelos que parecían socialmente muertos. Recuperó la esperanza en la política como herramienta de transformación y empujó a enormes sectores de la juventud a incorporarse a la militancia. El proyecto logró todo lo propuesto y mucho más.

No logró lo que nunca se propuso lograr, que son los cambios económicos estructurales. Es por eso que no corresponde “autocrítica” alguna. Por el contrario, son los que critican los que necesitan cuando menos el valor para plantarse en una definición política para sincerar desde dónde hablan y a qué apuntan.
Pero como no es para tanto la cosa, no hay muchos que estén dispuestos a poner en riesgo los beneficios de pertenecer a esta tranquila clase política que, con algún que otro sobresalto circunstancial, no tiene nada de qué preocuparse, gobierne quien gobierne, venga el “cambio” que venga.

Y, retomando: definido el proyecto al cual se marchaba ¿quién puede decir que el proyecto kirchnerista fracasó y que necesita de autocrítica?
El capitalismo en serio o neokeynesiano cumplió sobradamente su fines: la intervención del estado en la economía para agrandar el mercado interno; bajar la desocupación mediante la creación de puesto de trabajos en empresas privadas; aumento de los salarios mediante negociaciones paritarias; no dejar que empresas claves desaparezcan, financiandolas, subsidiandolas, llegando incluso a estatizarlas si fuera necesario; esta autonomía económica requirió reducir significativamente el peso de la deuda externa, cosa que también se hizo.

Y más y más ejemplos, como las reiteradas exhortaciones a los empresarios para que reinviertan las utilidades, o el intento de que “capitales nacionales” manejasen YPF; la retórica sobre la eficaz asociación o “sinergia” entre el sector privado y el público; el irrestricto respeto por la legalidad e institucionalidad burguesa y liberal, la “seguridad jurídica”, etc.
Triste muestra de esto fueron las políticas elegidas para resolver el conflicto de la 125, y mas luego el conflicto con Clarín y la ley de medios. En el Congreso no manda el pueblo, por si hace falta decirlo. Para que Cobos desempate primero tuvieron que traicionar decenas de senadores “nuestros”. La cancha elegida para jugar la final ya advertía una inexorable derrota.

Otro tanto con la ley de medios… ¿o alguien alguna vez realmente creyó que Clarín se iba a auto desmembrar solamente porque una ley lo diga?
Otro conflicto que estuvo perdido de antemano, por jugar en rodeo ajeno y con las reglas propias del enemigo.

Respecto a la política económica interna, no hay ninguna contradicción con haberle permitido a las multinacionales que sigan manejando tanto nuestra minería, nuestra materia prima agropecuaria, como nuestro comercio exterior, teniendo privatizados todos los puertos argentinos -por donde entra y sale la trata de blanca, la droga y todo el contrabando- en los que el Estado no puede ni entrar. Ni tampoco en haber mantenido a un tercio de la PEA en negro, un 12% en planes y un 7% de desocupados puros. Tampoco hay una contradicción en haber llamado a Chevrón para el desarrollo de Vaca Muerta en lugar de asociarse con PDVSA, que ofreció tanto tecnología como petróleo para que nunca más nos volviera a faltar ninguna de las dos.
Solo hay contradicción con esas medidas si uno se banca estar parado en otro proyecto político, pero no solo en lo discursivo -que es lo de menos-, sino en las acciones concretas, en los candidatos concretos, en las estructuras concretas.

Respecto a la integración regional, Cristina explicó en varias oportunidades que en la situación actual del capitalismo no es posible ninguna autonomía político-económica si no se actúa en bloques de países que estén alineados por los mismos intereses, y es debido a esa lectura que se avanzó en la asociación política-comercial con otros países de latinoamérica.
Pero es también esta lectura y posicionamiento lo que explica hechos como haber mantenido nuestra parte en las tropas de ocupación en Haití, o de que siendo Venezuela un país que importa el 90% de sus alimentos para una población de tan solo 30 millones de personas, y que el nuestro exporte alimentos para casi 400 millones de personas, no se haya tomado la decisión de comprar y enviar la cosecha que hiciera falta para terminar con el desabastecimiento de la guerra comercial en el pequeño país hermano que marcha en soledad, pero tenazmente, al Socialismo. Incluso a cambio nosotros hubiéramos resuelto nuestro problema energético para siempre. Ellos tienen petróleo comprobado para 150 años, más que suficiente para que lleguemos tranquilos a nuestro propio auto abastecimiento.
Es que tanto lo de Haití como lo de Venezuela trascienden la mera asociación comercial regional, y constituyen políticas anti imperialistas, e incluso, anticapitalistas, porque van de frente contra los intereses de los grandes capitales que dominan nuestra región.

También, CFK dejó en claro muchas veces que el suyo no era un proyecto de Estado empresario, que ejerza directamente las actividades estratégicas de la economía (salvo en los casos en que no hubo otra opción y antes de que colapsaran completamente, se que tuvieron que estatizar el correo, el agua, aerolineas, ypf y los trenes. No así con las otras más de 60 empresas estatales que privatizó el proceso menemista, garantes de la independencia económica, la justicia social y la soberanía política: IAPI, SOMISA, Marina Mercante, etc). Lo que iba a colapsar en el caso de las AFJP -de no mediar su estatización- era el financiamiento del propio proyecto del gobierno. Y era tanto el margen robado por las AFJP que alcanzaba para financiar la actividad de gobierno y mejorar las jubilaciones al mismo tiempo, y aún así seguía sobrando plata en la ANSES.

El planteo de la “autocrítica” es un artilugio que se usa justamente para evitar definiciones políticas. El que quiera otra cosa tiene que decirlo claramente y hacerse cargo, en su construcción, de lo que dice.
Incluso los que antes de la derrota hablaban de “los límites estructurales” y de “profundizar el proyecto de Néstor y Cristina”, luego de la derrota abandonaron esa línea para sumarse al coro de la autocrítica por derecha, y dicen al unísono con el resto del ´peronismo ortodoxo´: faltó rosca con el masismo y el moyanismoAhora todos coinciden en eso.
Dicen que el número simbólico del 55% de los votos de CFK se desplomó, principalmente, por no haber arreglado con tal o cual estructura, y no porque después de doce años, siguiéramos teniendo un tercio de los laburantes en negro, un 12% en planes, y un 7% de desocupados puros.
“El pueblo no abandona a quien no lo abandona”, pero después de tres mandatos tenes a más del 50% de los laburantes en el horno… Este dato no figura ni en el balance de Cristina, que le atribuye la derrota principalmente a la extrema permeabilidad de los votantes al aparato mediático, ni en el resto del peronismo tradicional, que explica la derrota como un problema de acuerdos entre estructuras.
El pueblo es bastante opa, en un caso; en el otro, directamente no existe.
Así nos ven, o ni nos ven, siquiera.

Pero bueno, es una época de grandes confusiones y cualquier cosa puede pasar, sino miremos este relato en boga de que Perón era keynesiano… Nos tapó el agua…
Hay muchas cosas tergiversadas, incluso y sobre todo en la militancia.
Por ejemplo, la Patria. Parece obvio pero no, hay que discutir otra vez qué es la Patria para volver a militar por su liberación, y comprender que la Patria es la Patria, con sus problemas concretos y diferentes, y que el Barrio es el Barrio, con sus propios problemas. La Patria no es el Barrio. Por supuesto que los problemas del barrio están relacionados, pero se puede militar en el barrio sin que jamás eso sirva para la liberación de la patria. Y es efectivamente eso lo que viene ocurriendo hace varios años.
Lo que empezó como una forma creativa de acercar la idea de Patria a la realidad más inmediata, nunca terminó de pegar el salto y se quedó ahí, militando los problemas barriales con la bandera de estar luchando por la Patria, dando vueltas en círculos sin salir de la rotonda.

“El miedo solo sirve para perderlo todo”.
La extirpación de la generación revolucionaria en América Latina y el terror contagioso inoculado en la sociedad, parieron a la actual clase política nefasta que tenemos. Es hora de dar un paso al frente, armar quilombo y jubilarlos urgente si queremos salvar a nuestra patria.
La enorme mayoría de la militancia no ingresó en las estructuras decadentes de la partidocracia que en el 2001 parecía haber cruzado un punto de no retorno, pero sin embargo, poco a poco lograron cierta recomposición, comiéndose paulatinamente la legitimidad de los nuevos espacios de militancia surgidos pos crisis…

Por eso… ¡ES HORA DE LEVANTARSE, QUERIDO!
No es esperando que baje un milagro del PJ o del FPV, ni mucho menos de la niña bonita del menemismo, esa vandorista CGT, que podemos tener alguna esperanza. Sino yendo al frente tomando la posta y armando lista en los barrios con nuestros propios compañeros, con la negrada, que quiera ir por todo de verdad y sin chamuyo; con los desposeídos que no tenemos compromisos con ninguna estructura de poder; descamisados que no tenemos nada para perder y por eso tenemos todo para ganar.
No queremos construir unidad de aparatos para ´recuperar una nueva mayoría´, porque la mayoría que nos interesa ya existe y son los laburantes. Lo que necesitamos -y ya tenemos- es programa y línea de avance para concretar las medidas que necesitamos la mayoría de los argentinos.
“Sino les gusta, armen un partido y ganen las elecciones” es la mejor lección política que nos dejó Cristina Kirchner, una gran compañera que, aunque no compartimos su proyecto político, le tenemos un enorme cariño y agradecimiento por jamás habernos mentido y por darnos los mejores años que tuvimos…

“HASTA AHORA”, diría Chávez.

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Apuntes para la militancia

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Cro. Angel Pablo Mauro
La Manuel Ugarte

En uno de sus textos J. W. Cooke, parafraseando a Mariátegui, dice que “El Peronismo es raíz y no programa”. Dicha afirmación vale la pena para repensar el presente y el futuro argentino a través de una lectura de la esencia del pensamiento de Cooke, despojada de las circunstancias en que fue enunciada en un mundo que ya no es el mismo al que le tocó vivir. No es el mismo, y tampoco la Argentina se corresponde con aquella Argentina.

Comparar los análisis revolucionarios allí propuestos, con el estadio actual del Peronismo, es tarea eminentemente militante. Estos apuntes que estamos emitiendo tienen un origen bien concreto. La tentativa de acercar a todos los compañeros de base de todas las organizaciones, que no tenemos nada para perder, porque al igual que nuestro pueblo, y a diferencia de muchos dirigentes: no vivimos de la política. Se trata más bien de apuntes revolucionariamente didácticos, escritos con alto sentido crítico.
Desde que en el año 2003 el presidente Néstor Kirchner cambió los vientos de la historia y el país renació sobre sus cenizas, vivimos el retorno de la política legitimada por un modelo de país transformador de la realidad, que tuvo su sostén en el propio movimiento peronista y su frente de aliados, conducido por la Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

Hoy la realidad es que somos una colonia obediente al Imperialismo norteamericano y  toda la dirigencia ‘del campo nacional y popular’ son personajes “dirigentes que viven de la política y nunca les va mal. A los que termina yéndole mal es a la sociedad, a los sectores medios” (CFK 3/07/16.) o “PolProfs” alineados a este sistema partidocrático opresor burgués (ver definición ‘PolProfs’: http://politicaysociedad.com.ar/?p=8791)

A estos mariscales de las grandes retiradas que nunca combaten pero viven firmando armisticios, el gobierno de Macri los ha dejado con casi nada para negociar, salvo su aporte a la confusión. Por lo tanto nada se puede esperar de la dirigencia de las organizaciones políticas que participan del régimen que deseamos combatir. El Frente de Liberación Nacional debe desentenderse de los detalles que se refieren a la forma en que se divida el poder político, por cuanto va al cambio de las estructuras. Busca la toma del poder para iniciar el proceso de la emancipación Nacional frente al imperialismo y la sustitución del régimen social, donde el Pueblo, tenga participación directa en las decisiones de gobierno. Un País soberano, Patria industrial y socialista que asegure trabajo a todos los hombres, futuro a todos nuestros jóvenes, y seguridad a nuestros abuelos. Esta Argentina con 3 millones de desocupados crónicos y 35% de trabajadores en negro donde los capitales extranjeros dictan las condiciones de convivencia, a esta Argentina no la queremos. No es la nuestra. Y contra ella proclamamos la unidad programática de todas las fuerzas patrióticas que no negociarán con ningún poder de turno.
Estas nuevas generaciones de argentinos necesitan inexorablemente munirse de fuertes herramientas teórico-prácticas para la acción militante, y para eso es que hemos echado mano a “las Cátedras Bárbaras”. Porque el Pueblo tiene que debatir los temas estratégicos que hacen a un País Soberano, y además porque de la misma manera que la derecha, con todo su aparato de dominación (medios-política-economía) planifica el sistema de dominación que nos oprime, nosotros debemos discutir cuál es la manera de terminar con esa dominación, cuál es el Proyecto con el que vamos a volver. Pero volver con un Proyecto de Liberación Nacional, un proyecto que marque clara la línea de avance hacia la Nacionalización de la Banca y el Comercio Exterior, y que también tenga por objetivo recuperar el Estado Empresario Peronista,  herramienta que garantiza el Pleno Empleo (“gobernar es crear trabajo”, “¿cómo puede ser que en una argentina en donde está todo por hacerse, hallan desocupados?”).
Es el pleno empleo lo que inclina la correlación de fuerzas a favor del Pueblo, al hacer desaparecer el ejército de reserva del capital, que es su principal base de maniobras.
Y es a partir de ahí que se puede avanzar en todo lo demás. Sin trabajo, no hay solución digna para nuestros pobres ni desarrollo cierto de nuestra Patria Grande. Y todo lo demás es por añadidura. Educación, salud, vivienda, son meras consecuencias (no causas) de cómo cada quien se gana la vida. Para los humildes de nuestro Pueblo lo primero es la fuente de trabajo, recién después lo demás.
La educación necesaria es aquella que permite mejorar como persona (y trabajar dignamente). La casita deseada será amplia (y cercana al trabajo). Sin salud no se puede vivir (y tampoco, ni siquiera, trabajar). Así es la vida de nuestro Pueblo. Su mundo real.
La Propiedad Social de los Medios de Producción a través de las Empresas del Estado, la Economía de Equivalencias como alternativa capitalista, y la Democracia Participativa como superación de la representativa, son instrumentos políticos del Pueblo para la liberación de Argentina y la Patria Grande.
Ya lo dijo el General: los mercados libres no existe, son una utopía del sistema capitalista. Los regulan las Empresas estatales en beneficio del Pueblo, o los regula el capital multinacional a favor de sus ganancias. A la vista ya está lo que hizo el capital privando con YPF, Entel, Segba, AA, ELMA.
No hay futuro justo dentro de la economía capitalista para los países periféricos. Cinco Siglos de experiencia en la Patria Grande deberían ser muestra suficiente. Pero si no bastasen, ahí están los resultados de la timba financiera en la vieja Europa: condena a sus propios jóvenes a la desocupación, para defender las ganancias de la culpable banca usurera… Si así trata a los suyos ¿Qué pueden esperar los nuestros?
Y ya que aprovechamos la nota del Compañero Matías Perrone para la definición de PolProfs, terminemos este primer apunte de la misma manera el termino su nota:

“Volver a salir a la luz, con un planteo serio de fondo, es un perfume que nuestro pueblo ya conoce, lo tiene en su memoria histórica y lo va a reconocer. Es el mismo pueblo que se liberó de España, que echó a los ingleses, dos veces, que defendió la nacionalización del comercio exterior en Vuelta de Obligado, combatiendo a dos Imperios al mismo tiempo. Que cuando los yankees nos negaron el petróleo creamos la primera petrolera estatal del planeta Tierra, que hizo un 17 de octubre para recuperar su dignidad, resistió lo inimaginable durante 18 años y luego sacrificó a 30000 de sus más generosos hijos… Por supuesto que el Pueblo se puede equivocar, nadie es infalible. Pero si no hay ningún planteo que encauce su tremenda potencia revolucionaria, y en cambio está lleno de falsas opciones y chantas que viven de la política, mintiendole permanentemente… Poner de excusa al Pueblo para ni siquiera intentarlo… Bueno. No hace falta decir más nada para aquellos.

A los que reconozcan este bello perfume, que vuelve a emerger desde las profundidades de la Historia: venga ese abrazo hermano, tenemos mucho por hacer.”

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Otra vez ese perfume, tan familiar…

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Hay mucho más para hacer que puede ser hecho, pero para eso hay que rajar del lugar accesorio que todavía tiene la militancia (los pinta-paredes, los reparte-volantes, los pone-mesitas, etc) donde no se conoce otra tarea que la agitación de la coyuntura, y la única manera de meterse en el plano estratégico es el debate programático, la acumulación programática y la unidad programática.
Esa es la unidad que importa: la programática. La unidad horizontal de todos los compañeros de base de todas las organizaciones, que no tenemos nada para perder, porque al igual que nuestro pueblo, y a diferencia de nuestros dirigentes: no vivimos de la política.

1. Los políticos profesionales
(más conocidos como “polprofs”)

“A los dirigentes políticos nunca les va mal. A los que termina yéndole mal es a la sociedad, a los sectores medios”.
Cristina Fernández de Kirchner, 03/07/2016

El día que acá desembarcaba la peor dictadura de nuestra historia, el Secretario General del “Movimiento Obrero Organizado”, Casildo Herrera, declaró: “Yo me borro”, y se las tomó para Uruguay.

Ahí tenemos la fortaleza de “la columna vertebral” del movimiento. Hoy -ya irreconocible- se ha llegado a descomponer en cinco columnas vertebrales, nada menos.

A Alfonsín le hicieron 13 paros generales. A Menem, ninguno.

Para privatizar nuestra SOMISA, la partera de la Industria y del acero argentino, el sindicalista Triaca devenido en Ministro de Trabajo menemista, intervino SOMISA para hacerla deficitaria.

En la contra parte contó con el inestimable favor de Naldo Brunelli, hombre fuerte de la UOM, que con las bases en llamas resistiendo en San Nicolás, declamó: “Compañeros: Esto se resuelve en Buenos Aires”.
Dicho y hecho, vino a Buenos Aires y “lo resolvieron”, junto a Maria Julia, la segunda interventora menemista en SOMISA.

Techint la compra por un 10% de su valor, pagandole al Estado Nacional, con las misma mercadería que ya tenía en stock SOMISA antes de ser vendida. Así fue como el “Movimiento Obrero Organizado” regaló nuestra SOMISA.

Hay muchas mas “bondades” como esta, en cada uno de los casos de la privatización de cada una de nuestras estratégicas empresas del Estado.

Salvo Astilleros Río Santiago, única empresa de defensa que peleó contra viento y marea y permanece al día de hoy 100% estatal, impenetrable al capital privado.

Los benditos “diputados y senadores”, de todos los colores, también dieron una mano, por supuesto. Cuando Menem completaba la obra de Martinez de Hoz, el PJ bancó votando todo lo que el P.E.N. mandara al Congreso. Y el radicalismo “opositor”, hacía lo suyo dando quorum religiosamente, y hasta ofreciendo el voto que circunstancialmente le faltare al PJ.

O en los los últimos turnos de los gobiernos macristas porteños y su estrecha relación con la “opositora” bancada del FPV en la legislatura.

O actualmente con el gobierno macrista nacional. En ambas cámaras la mayoría es del PJ, sin embargo a los buitres y al blanqueo todos le dieron tanto el quórum como los votos… ¿entonces para qué habría que volver a votarlos en el 2017 si hoy ya son mayoría y no sirven para nada? Era ahora, era ahí mismo, que tenían y podían frenar a Macri. Y no lo hicieron.

Sin ningún temor a equivocarnos podemos decir que ni a uno de todos los políticos profesionales del país le ha llegado “el cambio” que tanto está sufriendo cotidianamente el pueblo argentino. Desde Altamira a Pinedo, pasando por absolutamente todos, están exentos del “cambio”.

A absolutamente todos los “dirigentes, referentes y aprendices de referente”, tanto del PJ, como del FPV, como de las organizaciones sociales, discutir programáticamente un Proyecto -que es la única manera de sacarlo de lo abstracto y de las generalidades que hacen que después la militancia termine haciendole campaña a un Scioli-, les importa 0%. Mejor dicho, les importa un 100% que NO se discuta programáticamente. Todo lo discutido tiene que ser ambiguo, vacío, indefinido, una sanata fenomenal que pueda ser adaptable a cualquier rosca que se termine negociando.

Porque debatir y construir programáticamente, es el principio del fin de la joda, de esta política de la joda, en donde los políticos actúan como partes antagónicas, ocultando que toda la clase política postdictadura, es toda oficialista del mismo jefe, que no es otro que la gobernabilidad del sistema partidocrático demoliberal burgués. Ya sea en su versión progre-keynesiana, o en su versión neoliberal.

Un debate real, abierto, con la gente, con la militancia de base (sin caricaturizarlo en pequeñas comisiones cuyos resultados no son vinculantes en absoluto, sino más bien hechos para dejar que se saquen las ganas de hablar y hacer catarsis) lo que provoca es que le prende la luz a toda esta joda de la rosca y al camuflaje militante de la huevada de turno.

Cuando en un plenario se decide de verdad, aparece la Democracia Participativa, algo que las orgas no quieren ni nombrar, aunque digan bancar al chavismo… Lo bancan, sí, pero allá lejos. Acá verticalismo y caricatura de participación.

Y es que, con la gente todavía con el ánimo por el suelo por la victoria macrista, pueden ganar tiempo con el burdo artilugio de “la unidad”, mientras entre los polprofs se dicen: “hagámosnos los boludos y sigamos con esta sanata de la unidad hasta que arranque la próxima campaña o la interna”.

Porque lo que no se ha detenido, si hay algo a lo que no le ha llegado el cambio, es a la rosca. La rosca nunca se detiene.

El negocio de la política profesional es así, nada lo detiene: ni los supuestos ciclos económicos, ni los cambios de gobierno, ni la rotura de bloques, ni las más duras crisis sociales.

Y esta joda no es gratis, eh. Para sostener todo este circo en el que los “actores” de la política (nunca mejor dicho lo de “actores”) hacen como si se pelearan y se enfrentaran (mientras los ricos se hacen más ricos y nosotros, la mayoría de nosotros, nos hacemos más y más pobres), la todavía muy joven e ingenua militancia tiene que permanecer cual bella durmiente, soñando, haciendo boludeces bienintencionadas en el barrio con admirable voluntarismo, pero que no tienen -ni pueden tener- nada que ver con “Combatir al capital”.

Porque desatar el enorme poder de las masas, el revolucionario poder popular que anida en la militancia, es lo último que buscan estas conducciones de políticos profesionales.

Nuestra militancia anda perdida y desorientada con debates circulares y secundarios; un ejército de viejos quebrados le hablan al oído, y no le cuentan lo que fuimos y lo que podemos (¡y debemos!) volver a ser.

Con todo esto y una generación de “referentes” que la mantienen hiper fragmentada en miles y miles de micro organizaciones, aisladas y separados de sus semejantes mediante el san benito de la orgánica, la sensación de nuestros militantes no puede ser otra que la de impotencia, asqueo, debilidad y frustración…

Así las cosas, la tropa se mantiene blanda e inofensiva, incapaz de patearle el tablero a los que viven de la joda de la política post dictadura, y decidirse de una buena vez a “Combatir al Capital”.

2. Línea de avance

En todos lados se siente la ausencia de línea política.

Nadie escapa a la gran crisis de sentido que significó la derrota presidencial del kirchnerismo, en el que no solo cayó su mandato presidencial, sino también su paradigma y su línea política, que le daba un marco de acción -pobre, muy pobre, pero marco al fin- a la militancia que lo propagandeaba con más necesidad de creer en algo a pesar de todo, que con una genuina mística revolucionaria.

Porque ser pobre y ser boludo son dos cosas distintas eh. Si alguno esperaba que nuestra negrada santifique al kirchnerismo, como hizo con Evita y con Peron -que jamás perdieron una elección-, a cambio de un lugar en el 12% -segun ANSES- de los “cooperativistas” del Argentina Trabaja a $2600 al mes*, o por estar dentro del 33% de trabajo en negro (sin paritarias, ni salud, ni aguinaldo ni nada) o directamente en el 7% de desocupados puros, que gozaron de las changas que derrama “la reactivación del consumo” keynesiano…. A trece años del supuesto fin del infierno neoliberal… Bueno, los resultados están a la vista. No.

Lo que no vino después de doce años en tres mandatos presidenciales, habiendo alcanzado el 55% de apoyo nacional… Seguir esperando que venga de ahí (¡¡y encima en una versión Sciolista!!) no es compatible con el instinto de supervivencia que tanto necesitamos los pobres…

(*N.A.: Situación de los “cooperativistas” hacia el final de la década ganada)

Entonces ahora, tanto los más abiertamente desconformes, como los más mansos acatadores de los referentes, buscan y esperan, respectivamente, que aparezca una definición, una línea política que los saque de este estado catatónico, cual coma político, producto del knock out de diciembre pasado.

Pero esa línea que se busca y que se espera, respectivamente, pareciera que tiene que bajar del cielo. Porque en el llano, donde pertenecemos la militancia humilde y sencilla, anónima, se aplica la ley del ligustro: “Cualquier cosa que sobresalga, que se asome, se la obtura por diferente”. Por peligrosa en realidad.

Esta es la manera de garantizar another brick in the wall en el campo nacional.

En el marco de ese sentido común, donde reinan huevadas como la abstracta “Unidad”, la “agenda de los sectores populares” o las “multisectoriales” que juntan firmas, al que se le ocurra hablar de Liberación Nacional y discusión programática, lo corren/desplazan/marginan, supuestamente por boludo/trosko/anacrónico/ingenuo, etc.

En realidad, lo corren por peligroso… No vaya a ser cosa de que sean varios los que se empiezan a avivar de que el piso lo mantienen así de bajo a propósito, y se le corte la joda a todo el vasallaje de la clase política.

La “lucha social” -a donde dicen apostarlo todo en esta etapa los polprofs de las orgas sociales- nunca se tradujo en éxitos electorales, ni cerca estuvo… No le pasó a las diferentes jotape’s, ni en el cordobazo (y todos los azos q hubo), ni a Ubaldini, ni al MTA, ni a la CTA ni a De Gennaro, ni a los piqueteros y luchadores del 2001, ni a los que enfrentaron a Duhalde cuando Maxi y Diario… Construir la herramienta electoral y su línea programática es una tarea diferente a la lucha social, que también tenemos que encarar, de forma paralela. En absoluto se contradice con resistir la coyuntura, y tenemos que encarar esa tarea también desde ahora. Sino después sobre todo el esfuerzo que dejamos los del llano, resistiendo, se termina montando cualquiera del elenco estable de la rosca, el que mejor “mida” en ese momento, sea un Scioli, un Massa, o sus nuevas versiones, más jóvenes, tipo un Bossio. Con la resistencia sola no alcanza, hay que prepararse para ganar (“ganar” no es tener mayoría en ambas cámaras nomas. Teniendo mayoría Peronista fue que se votaron las leyes de los buitres y del blanqueo).
Para ganar, la unidad que hace falta es la programática, el debate que hace falta no es sobre la coyuntura: es programático. La acumulación que hace falta no es cuantitativa: es programática, es el cómo se logra lo que postula nuestro proyecto. Planificar y divulgar la Liberación Nacional a través de la Patria Socialista.
Y para eso tenemos que pensar en la campaña electoral como la posibilidad de que nosotros los pobres, podamos hacernos conocer y encarnar ese, nuestro Proyecto.

Aún perdiendo, el plantarse y existir, es una complicación real para el capitalismo.

Esa es la unidad que importa: la programática. La unidad horizontal de todos los compañeros de base de todas las organizaciones, que no tenemos nada para perder, al igual que nuestro pueblo, y que en cambio tenemos todo para ganar.

Los viejos que caracterizan cualquier planteo de Liberación Nacional como “imposible”, “anacrónico”, etc… O estan quebrados o quieren perder los beneficios que les ha brindado esta joda de la alternancia entre la derecha sin filtros y el progresismo. También hay muchos -está repleto- de jóvenes viejos, que parecen haber hecho cursos acelerados de abuelos-mierda que predican resignación y pragmatismo.

No es nuestro caso. Hartos de la joda y el caretaje de los polprofs y sus seudos referentes, pateamos el tablero y vamos por todo, le pese a quien le pese.

Planteamos y ofrecemos:
-. Debate programático.
-. Acumulación programática.
-. Unidad programática.
-. Armado de la herramienta electoral que encarne ese Proyecto.
-. Salir a la luz y poner en evidencia los pactos de no agresión de la casta política, esos temas calientes de la política que realmente le hacen la diferencia al pobrerío, pero que ningún polprof quiere ni mencionar públicamente.

Armar ese quilombo, el que surge de hacer chocar nuestros intereses contra los suyos. Y no este circo, quilombo ficticio, de cartón, donde los únicos realmente dañados somos siempre los laburantes, y “nunca los dirigentes políticos” (gracias Cris nuevamente).

Basta de eso de una vez.

Tomando el mandato de nuestros hermanos musulmanes, decimos: ¡ALA-BURAR! ¡Argentinos, a las cosas! Compañeros, a mover el orto y a armar lo que hay que armar para hacerse con el Estado, sea en el 2019 o en el 2023, ¡pero que tenemos que arrancar de una vez!

Todo lo demás, la rosca, es hora de abandonarla y dejarle a la dirigencia que sea su propia mano de obra de ahora en adelante. Salvo que se alinien detrás de un Proyecto de Liberación Nacional, se les acabó el tiempo de la amnesia post dictadura.
La tienen adentro, les diría el Diego.

La gente no es idiota o esencialmente capitalista. Vive -vivimos- aplastados y hacemos lo que podemos con el poco tiempo libre que tenemos, y con las pocas y malísimas opciones que tenemos para elegir.

Volver a salir a la luz, con un planteo serio de fondo, es un perfume que nuestro pueblo ya conoce, lo tiene en su memoria histórica y lo va a reconocer. Es el mismo pueblo que se liberó de España, que echó a los ingleses, dos veces, que defendió la nacionalización del comercio exterior en Vuelta de Obligado, combatiendo a dos Imperios al mismo tiempo. Que cuando los yankis nos negaron el petróleo creamos la primera petrolera estatal del planeta tierra, que hizo un 17 de octubre para recuperar su dignidad, resistió lo inimaginable durante 18 años y luego sacrificó a 30000 de sus más generosos hijos… Por supuesto que el Pueblo se puede equivocar, nadie es infalible. Pero si no hay ningún planteo que encauce su tremenda potencia revolucionaria, y en cambio está lleno de falsas opciones y chantas que viven de la política, mintiendole permanentemente… Poner de excusa al Pueblo para ni siquiera intentarlo… Bueno. No hace falta decir más nada para aquellos.
A los que reconozcan este bello perfume, que vuelve a emerger desde las profundidades de la Historia: venga ese abrazo hermano, tenemos mucho por hacer.

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La Tendencia en la Asamblea “No da lo mismo”

Compartimos la intervención del compañero Martín Ayerbe en la Asamblea sobre “Trabajo y Economía” convocada por la Asamblea “No Da Lo Mismo” en Parque Chacabuco, el 06 de Marzo de este año.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

 

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